Blog dedicado al cine, la música, la televisión, el teatro y sus personajes; a la magia del espectáculo

domingo, 19 de diciembre de 2010

Truffaut: la nueva ola del cine francés


Después de haber sido uno de los precursores de la "Nouvelle vague", en castellano "nueva ola francesa", los restos de este director, guionista, actor y crítico francés yacen en el Cementerio de Montmartre, en París, desde mediados de los 80.

Francois Truffaut nació el 6 de febrero de 1932, hijo de una madre soltera, Jeanine de Montferrand, que trabajaba como secretaria; nunca conoció a su padre biológico, y fue criado por su padrastro: Roland Truffaut.

El resentimiento que Truffaut percibía de su madre hacia él y su verdadero padre lo marcó en diversos sentidos; éste puede constatarse a lo largo de su filmografía, ya que muchas de sus cintas tienen algo de autobiográfico.

De ese rechazo también se desprende su naturaleza rebelde: no era un buen estudiante, aunque sí un ávido lector; prefería pasar las horas de clase en el cine; fundó un cineclub que lo único que le dejó fueron deudas, y una serie de hurtos lo mandaron a la correccional de menores.

Asimismo, aunque se enlistó en el ejército y fue enviado a Alemania, finalmente desertó, por lo que terminó en una prisión militar.

Un hombre que sería fundamental en su vida fue el crítico de cine André Bazin, gracias a quien trabajó en “Travail et Culture”; más tarde también publicó críticas en “Cahiers du cinéma”.

Ya para 1954 Truffaut realizó su primer cortometraje, dos años más tarde estaría convertido en el ayudante de dirección del mismísimo Roberto Rossellini, uno de los directores más importantes de la corriente cinematográfica conocida como neorrealismo italiano. 

Así fue como comenzó el viaje de este aclamado director, que ese mismo año dirigió “Les Mistons” (“Los Golfillos”) para continuar el camino con “Les Quatre Cents Coups” (“Los 400 golpes”), la cual sentaría las bases del movimiento de la nueva ola francesa y saldría premiada en Cannes.

¿Y en qué consistía esta nueva ola?

Cansados del academicismo, y los convencionalismos del “cine de calidad” francés y con un neorrealismo italiano en declive que retrataba la crudeza de la guerra y la posguerra tras el conflicto derivado del nazismo, se manifiesta una actitud crítica mucho más individualista y que busca romper con lo clásico.

“Los 400 golpes” fue un éxito en la taquill, además que inició una saga en la que aparece el personaje de Antoine Doinel, interpretado por Jean-Pierre Léaud, y el cual, se dice, es el alter ego del mismo Truffaut. La serie continúa con “El amor a los 20 años”, “Besos robados”, “Domicilio conyugal” y “El amor en fuga”.

La pasión del director por la lectura le motivó a llevar a la pantalla grande diversas obras, como: “La novia vestida de negro” y “La sirena del Mississippi”, de William Irish, “Vivamente el domingo”, de Charles Williams, y “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, entre otras.

Sin embargo, “Jules et Jim” (“Jules y Jim”), basada en la novela de Henri-Pierre Roché y realizada en 1961, es considerada su mejor película, una obra clásica de la cinematografía francesa.

A pesar de ello, el filme con el que obtuvo el mayor reconocimiento fue  “La noche americana”, con la que se hizo acreedor al Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1973, la cual es un auténtico homenaje al cine.

Francois Truffaut, además de dirigir y escribir guiones, actuó en algunos de sus proyectos, como en la recién mencionada “La noche americana”, “La habitación verde” y “El pequeño salvaje”. Pero también apareció en “Encuentros cercanos del tercer tipo”, de Steven Spielberg.

Como escritor una de sus obras más destacadas es la biografía de un cineasta al que admiraba profundamente: Alfred Hitchcock.

En 1983, Truffaut fue diagnosticado con un tumor en la cabeza y, finalmente, el 21 de octubre de 1984 abandonaría este mundo a los 52 años de edad, pero nos dejaría un legado que hasta la fecha conservamos: una nueva corriente cinematográfica, que en su momento fue disruptiva.

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Scott Pilgrim: Lo que hace un hombre por una mujer



Irreverencia y mucha creatividad son los dos adjetivos que mejor definen una película tan original como "Scott Pilgrim vs. los ex de la Chica de sus Sueños" ("Scott Pilgrim vs. the World"), la cual, por su estética que combina los videojuegos y el cómic, no es apta para todo público.

Pero sin lugar a dudas, los "gamers", especialmente los aficionados a juegos como "The Legend of Zelda: A Link to the Past", "Mario Bros" y "Street Fighter", entre otros, disfrutarán los diversos homenajes que se les rinden a lo largo de los 112 minutos que dura la cinta.

Egdar Wright, director y guionista de la película, crea una atmósfera apegada al cómic, gracias a que junto con su co guionista, Michael Bacall, trabajó de la mano con el creador de la historieta, Bryan Lee O’Malley. De hecho, este último les pidió su consentimiento para incluir algunos diálogos de la película en la versión final de los cómics.

“Scott Pilgrim…” es una alocada cinta en la que se presenta un mundo ficticio en el que ocurren los sucesos más bizarros, es una especie de videojuego en “live action”, que aunque podría perder credibilidad por sus situaciones tan bizarras, funciona gracias al tono que implanta este director que ya es considerado “de culto”.

Aunque podría ser un filme de acción enfocado únicamente a los adolescentes, lo cierto es que cualquier persona que en algún momento de su vida haya jugado un videojuego puede disfrutarla, ya que la historia trasciende al diseño de producción.

La película abarca las seis novelas gráficas de Lee O’Malley, por lo que en momentos su ritmo se ve afectado y el desarrollo se estanca, no obstante, Wright sabe cómo superar el bache y recupera al espectador a través de buenos efectos, batallas y mucha acción.

Y es que si hay algo sobre lo que vale la pena hacer hincapié es que este filme es un ejemplo perfecto de cómo los efectos visuales deben ser empelados. Éstos son un recurso más que sirven para darle un valor agregado a la historia y enfatizar ciertos puntos dramáticos, pero no como una salida fácil ante la falta de un guión sólido.

Bueno, pero tras este breve paréntesis, ¿sobre qué trata la película? Scott Pilgrim (Michael Cera) es un joven que vive en un extraño lugar… Toronto, Canadá; tiene 22 años, una banda de rock con sus amigos y una novia de 17, Knives Chau (Ellen Wong), a la que posteriormente abandona.

Todo parece ir de maravilla hasta que se encuentra con Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead), una extraña y enigmática chica a quien quiere conocer desesperadamente y en quien no deja de pensar.

Sin embargo, para poder convertirse en su siguiente novio, deberá luchar a muerte con cada uno de sus siete “ex”, siendo el siguiente más excéntrico que el anterior. ¿Scott podrá derribar a sus rivales a pesar de ser un joven enclenque, un “perdedor” convertido en héroe?

Aunque “Scott Pilgrim” es un filme que presenta violencia, ésta no es del estilo gore, sino moderada, y se expone en un contexto ficticio tan poco creíble e inverosímil que le resta impacto a la secuencias. De hecho hay escenas mucho más cruentas en otras películas de acción.

Sin embargo, en el plano en que la cinta es objetable es en su manejo poco serio de la homosexualidad, el lesbianismo y la infidelidad, que son abordados como un chiste, lo que podría provocar confusión en algunos jóvenes, por lo que se recomienda la mediación de los padres en este aspecto.

Además, hay una escena explícita de un beso entre dos hombres y diversos indicios de tríos masculinos.

“Scott Pilgrim…” no es una cinta apta para todo el público por su irreverencia, pero sí es uno de los contados ejemplos de una buena adaptación de una novela gráfica a la pantalla grande. ¿Quieres entrar a su peculiar mundo?

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Eric Clapton viaja al pasado


Fueron cinco los años que Eric Clapton se mantuvo en silencio, pero este 2010 sus acordes y riffs volvieron a rugir, gracias al lanzamiento de su nuevo material: "Clapton", su 19 disco de estudio.

Este álbum se compone de compilaciones y de material inédito; combina sus temas musicales favoritos con dos completamente nuevos, y por si fuera poco, vuelve a sus raíces: el blues, género que lo apasionaba desde que era un estudiante.

Este compositor, guitarrista y cantante, oriundo de Gran Bretaña, a sus 65 años sigue siendo considerado un ícono del rock y tras haber hecho grandes aportaciones al mundo de la música, con joyas como “Tears in Heaven”, ahora decide rendir tributo a otros grandes como él.

Ese es justamente el objetivo de “Clapton”, aunque, en palabras del mismo intérprete: “este álbum no estaba contemplado. De hecho es mejor de lo que se esperaba porque, en alguna medida, sólo dejé que fluyera. Es una colección ecléctica de canciones que no estaban en el mapa, y me gustó tanto porque es una sorpresa para los fans, porque fue una sorpresa para mí también”.

Y es que track a track va entretejiendo esta sorpresa en la que percibimos a un Clapton, como él bien dice, ecléctico, pero también versátil y pleno, que transita entre la melodía del blues, la energía del rock & roll, y la autenticidad del country.

Por si fuera poco deleitarnos con la musicalidad de la guitarra “claptoniana” al hilvanar estos sonidos, también cuenta con las colaboraciones de la cantante Sheryl Crow; el compositor de R&B, Allen Toussaint; el pianista Walt Richmond, el jazzista Wynton Marsalis, el guitarrista y compositor Derek Trucks, el rockero Steve Winwood y el músico de estudio Jim Keltner.

La producción abre con la garra de “Traveling Alone”, que hiciera grande “Lil’ Son” (Little Son) Jackson, la cual es la puerta para un viaje lleno de “feeling”, esencia y la naturalidad que emana de quienes nacieron para entregarse al mundo mediante la música.

“Run Back to Your Side” es el primer sencillo que se desprende de esta orgánica y relajada producción, uno de los cortes con mayor sabor rockero, pero que no pierde el toque de blues y R&B, y que es de la autoría del mismo Clapton.

Dos de los temas más destacados de la recopilación son “Rockin Chair”, que envuelve en una estela de pureza, y “My Very Good Friend The Milkman”, de Fats Waller, la cual revienta en el puente, gracias al tío Clapton-Richmond-Toussaint.

El country levanta la mano en “Hard Times Blues”, sonido que se fusiona con la melancolía del género al que hace referencia su nombre.

Entre las colaboraciones más destacadas se encuentra la realizada con el músico y compositor JJ Cale en “That’s Not Way To Get Along”, que cantaba Robert Wilkins, y “River Runs Deep”, en las cuales realizan un dueto, así como en “Everything Will Be Alright”, siendo las dos últimas composiciones de Cale.

Pero si hay un par de clásicos que destacan entre las joyas que desfilan por el álbum, esos son los temas “How Deep Is The Ocean”, tema que popularizara Frank Sinatra, y “Autumn Leaves”, de Nat King Cole; ambos arreglados y estilizados con la profundidad y ecuanimidad de la voz de Clapton.

“Can’t Hold Out Much Longer”, de Little Walter, transporta al sonido clásico de finales de los 50 y la década de los 60, con una guitarra cargada de pasión y expresionismo. Y la época del rock & roll y del blues prosigue con “Judgement Day”, que conquista con una resplandeciente armónica.

El romanticismo se abre paso con “Diamonds Made From Rain”, corte en el que participa Sheryl Crow. Mientras que en “When Somebody Thinks You’re Wonderful”, un clásico del jazz que cantara Bryan Ferry, Clapton cambia el piano original para inyectarle los riffs de su guitarra eléctrica.

Violines, saxofón, guitarra, piano y armónica son algunos de los instrumentos que se dan cita en “Clapton” durante los casi 60 minutos que dura el disco. Si quieres escuchar una probadita de este álbum, entonces visita la página oficial de este grande entre los grandes, dando clic aquí.

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sábado, 18 de diciembre de 2010

“I love you for that”

Una de mis serie favoritas es “One Tree Hill”. Comenzó en 2003 y narraba la historia de dos medios hermanos rivales; ambos basquetbolistas: Lucas (Chad Michael Murray) y Nathan (James Lafferty). Todo comenzó cuando Lucas entró al equipo de la escuela, en donde Nathan, quien por cierto era un patán, era el capitán.

La trama se complicaba en el ámbito amoroso, pues Lucas estaba enamorado de una de las porristas, Peyton (Hilarie Burton); mientras que Brooke (Sofía Bush), su capitana y mejor amiga, estaba interesada en el nuevo miembro de Los Ravens, el equipo escolar.

Sobra decir que Peyton también se sentía atraída hacia Lucas, con quien tenía una compleja y profunda conexión emocional.

Por otro lado, Nathan, tras terminar su noviazgo con Peyton, se acercó a Haley (Bettany Joy Galleoti), la mejor amiga de su hermano-enemigo, con el afán de molestarlo. Al final le salió el tiro por la culata, pues terminaron enamorándose y… casándose sin haber terminado la preparatoria.

Esos eran los cimientos de One Tree Hill. Hoy por hoy, la serie se ha transformado al 100 por ciento. De ser un drama adolescente sobrevivió el momento en el que los jóvenes se graduaban de la preparatoria para emprender un camino distinto en la universidad.

Cuatro años más tarde, cada uno de ellos regresó a su hogar en Tree Hill, Carolina del Norte. Para entonces, Lucas era un afamado escritor. Peyton, aunque pasó por momentos difíciles, lanzó una disquera independiente. Brooke se convirtió en una gran diseñadora de modas y empresaria al fundar Clothes Over Bros.

Nathan alcanzó su sueño de ser un importante basquetbolista y formó una familia al lado de Haley, quien combinaba varias actividades: la de madre, ama de casa, maestra de escuela y música.

Este 2010 comenzó su octava y última temporada, y desde la séptima superó otro reto aún mayor que el paso de la adolescencia a la adultez de cada uno de sus personajes. Se trató de la salida de sus dos protagonistas Murray y Burton, Lucas y Peyton (Leyton, para los fans).

Esto provocó la entrada de nuevos personajes que añadieron giros a la trama, algunos esperados y previsibles, otros no tanto.

Austin Nichols, interpretando al cineasta Julian Baker; Shantel VanSanten, como la hermana mayor de Haley, Quinn; Robert Buckley, como Clay, el agente de Nate, y Jana Kramer, en el rol de la actriz Alex Dupree, se unieron al reparto para añadir drama, romance, intriga y sazón a la serie.

Reconocimiento aparte merece Mark Schwahn, el creador del proyecto, pues ante las adversidades ha innovado el argumento, nos ha obsequiado grandes momentos; estupendos, cómicos y reflexivos diálogos, además de una excelente música. Pero no sería del todo honesto omitir el hecho de que a causa del tiempo y los factores ya mencionados la serie ha perdido su calidad inicial.

Hoy, estando cada día más cerca del final de este gran programa con el que básicamente crecí, lloré, me reí e identifiqué, me siento nostálgica porque me recuerda episodios específicos de mi propia vida; algunos amargos, otros llenos de ilusión, de dolor o alegría.

Por todo ello, no me queda que retomar el que, quizá, es uno de los más grandes legados de “One Tree Hill”. Me refiero a la frase “I love you for that” (“Por eso te amo”), que da nombre a esta entrada, el cual probablemente sea el diálogo más recitado a lo largo de estas ocho temporadas, ya que todos los personajes, incluso los nuevos, han hecho uso de él. 

No me queda más que añadir que: “One Tree Hill”, “I love you for that”.
 
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Sobre mí


Bueno, si hay alguien allá afuera leyendo esto, me gustaría compartir un poco sobre mí y este blog. Tenía otro espacio en donde escribía semanalmente, pero debido a un proceso de mantenimiento del que ya no se recuperó, ha muerto.

Entonces… terminé mudándome de nuevo a La Claqueta, el primer blog que abrí en mi vida, aunque debo confesar que todo inició como una tarea de una materia del último semestre de la universidad.

Recientemente lo retomé para expresarme libremente y retomar algunas de las cosas que publico en la página de Internet en donde trabajo, pero también otras cositas que se me vayan ocurriendo durante la travesía.

En fin… ojalá que lo disfruten y recomienden mucho.

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La Larga Cena de Navidad

Esta temporada navideña resulta adecuada para celebrar con la familia, acercarse, convivir y compartir, por lo que realizar actividades que están fuera de nuestra complicada agenda con nuestros seres queridos vale la pena. En especial si tenemos un respiro del trabajo o la escuela gracias a las vacaciones.

Una buena opción es ir al teatro, aquel lugar en donde los histriones, con sus vestuarios y rodeados de una escenografía llamativa crean magia con sus voces, inflexiones, gestos y movimientos.

La productora Halo Studio, la misma que el año pasado nos regaló en cine la película “El Estudiante”, ahora incursiona en este nuevo lenguaje para traernos la obra “La Larga Cena de Navidad”.

La puesta en escena es dirigida por el traductor, dramaturgo y director regiomontano Otto Minera, ex director del Centro Cultural Helénico; y es protagonizada por Lumi Cavazos, Carlos Aragón y Arturo Barba. 

La obra gira en torno a la vida de la familia Balderrama que cada año celebra una cena de Navidad, pero conforme transcurre el tiempo, hasta sumar 90 años, vemos cómo algunos miembros inevitablemente deben partir de este mundo mientras otros más arriban.

Son tres las generaciones que cobran vida ante nuestros ojos y con sutiles señales nos damos cuenta que un año ha pasado. Mamá Lola (Marissa Saavedra) es la primera en partir dejando a una familia en ciernes.

Su hijo, Rodrigo (Aragón), desposado con Lucía (Cavazos), forma una familia propia al tener dos hijos: Ángel (Barba) y Dolores (Sonia Franco). El primero, tras casarse con Josefina (Jeannine Derbéz), tiene cuatro hijos más, el primero muere recién nacido, pero le sobreviven: Manuel (David Villegas), Lucía (Sofía Padilla) y Rodrigo (Jorge Luis Moreno).

Así, con el paso de los años vivimos al lado de esta familia sus pesares y alegrías; las tragedias propias y los triunfos, la felicidad de ver que los hijos forman una vida propia y la tristeza de verlos marcharse de la casa; todo, mientras se recuerdan, se siembran o se cosechan nuevas tradiciones.

De ahí que la obra sea tan cercana, pues en ella nos vemos reflejados cada uno de nosotros, además de que nos conmovemos con las experiencias de los Balderrama, pues son similares a las propias y nos reímos con sus alegrías.

“La Larga Cena de Navidad” es una puesta en escena familiar, lo que de hecho motivó a Cavazos a regresar a México después de ocho años de ausencia, a hacer teatro. La actriz de “Como agua para chocolate” comentó: "bajo la idea de protagonizar una obra ciento por ciento familiar, que inculque valores, regresé gustosa".

Para ella, aunque es una obra que se escribió hace 30 años, aún es muy vigente por las temáticas que aborda.

Se trata de un texto del escritor, dramaturgo y guionista estadounidense Thornton Wilder, quien en su trayectoria se ha hecho acreedor a tres Premios Pulitzer: por su novela “Los Puentes de San Luis Rey”, y los otros dos por las obras teatrales: “Nuestro Pueblo” y “La Piel de Nuestros Dientes”.

“De todas mis obras de teatro, ‘La Larga Cena de Navidad’ es la que ha encontrado más variedad de respuestas. En algunas funciones han sido risas constantes; en otras el público es conmovido por la historia, a algunos les parece cruel y crítica”.

Hacer teatro es difícil, pues muchos factores intervienen para que se pueda crear magia sobre un escenario y compartirla con el público que se encuentra enfrente, sentado en las butacas.

Sin embargo, entre lo más destacable de esta puesta está el hecho de que los actores nunca se bajan del escenario y son ellos, con sus propios recursos, quienes se maquillan y avejentan para permitir que el tiempo deje su huella.

Lamentablemente, la respuesta del público no ha sido la deseada, pues “La Larga Cena de Navidad” se ha presentado en un teatro prácticamente vacío, lo cual seguramente se debe a la falta de promoción de la obra, a que en algunos momentos el ritmo se cae, a una que otra sobreactuación y a que no se logra una completa conexión con el público.

Aún así, vale la pena apoyar trabajos que fomentan valores y que se realizan con las mejores intenciones. “La Larga Cena de Navidad se presentará hasta el 16 de enero de 2011 en el teatro Wilberto Cantón. No es una obra infantil, pero sí es ideal para ir con los hijos adolescentes, ya que brinda una gran lección de unidad.

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jueves, 16 de diciembre de 2010

James Blunt, ¿en busca de problemas?


Su estilo único lo catapultó a la fama tras decirle a cada mujer del planeta “You are beautiful”. Y es que después de formar parte de las fuerzas armadas británicas, James Blunt le dio un giro a su vida para conquistar al mundo, pero no con las armas, sino a través de su música y voz.

Sus dos primeros materiales, “Back to Bedlam” (2005) y “All the lost souls” (2007), eran de carácter más intimista y melancólico, mientras que este año su objetivo fue abrir un nuevo capítulo en su vida con “Some kind of trouble” (2010), su tercer álbum.

¿Y para Blunt qué implica este nuevo episodio? Por un lado, dejar un poco las tristezas, como confesó recientemente, y por el otro, compartir otra faceta sobre sí mismo, una más optimista y dinámica.

"Este álbum desprende una energía, vitalidad y optimismo que se contagia desde que lo escuchas por primera vez. Realmente captura la misma sensación de libertad, entusiasmo e ingenuidad, dejando la melancolía de antes. Es un cambio musical en mi carrera, me tiene muy entusiasmado y espero que la gente que me ha seguido siga gustando de mi música, es un trabajo que me muestra de otra forma”, declaró.

Sin duda la evolución es una constante en la vida de cada ser humano y, por lo mismo, es natural y deseable que los artistas la hagan propia. En el caso de James Hillier Blount es evidente, pues el camino que ha recorrido desde 2004 ha dejado su marca.

Diversos sucesos han formado su esencia, desde la participación en la guerra de Kososvo, hasta el despegue de su carrera artística que hasta el momento ha rendido frutos: dos álbumes, dos giras mundiales y, de acuerdo con su página de Internet, 18 millones de discos vendidos.

“Some kind of trouble” debe verse como una exploración igual de profunda que sus trabajos previos, pero distinta en su resultado, en sus matices, ya que Blunt cambió su pulso musical, no por nada la crítica lo calificó como “deliciosamente optimista”.

Cada compás contagia una nueva emoción y muestra a un artista en plenitud: disfrutando su música y compartiéndose con su público. Pero él no quiere compartir problemas, como podría indicar el título del álbum; la frase tiene la intención de “hacer algo interesante”, fuera de la rutina, y “a ver qué pasa”, aclaró.

A grandes rasgos, “Some kind of trouble” es una producción que aglutina ritmos como pop, rock, folk, con el ya conocido estilo acústico que caracteriza a este romántico idealista.

Los tracks invitan a emprender un viaje en el que se experimentan diferentes estados de ánimo. Por ejemplo, “Stay the night”, primer sencillo de la producción, y “I’ll be your man” le inyectan el toque “surfero”, más dinámico, espontáneo, más cercano a artistas como Jack Johnson o Jason Mraz.

Tal vez esto se deba a que la forma en que Blunt compuso este disco fue distinta, apoyándose en la improvisación y dejando que todo fluyera una vez que ya se encontraba en el estudio, y no como en sus discos anteriores, en los que fue una labor más íntima, encerrada.

“These are the words”, en cambio, es agridulce, pues habla de partidas, de amores truncados, por lo que Blunt “baila con el corazón destrozado” (“Now I’m dancing with a broken heart”). Se trata de uno de los temas más conservadores del disco.

En medio de ambos se encuentra “Superstar”, una estilizada crítica al “star-system”, los “reality shows” y la vaciedad e infelicidad que implica la fama.

“Heart of gold” es una balada que recupera el estilo y el “mood” ya conocidos, una canción con una melodía al estilo de “Tears & rain” o “Cry”, con un acompañamiento en piano que acentúa la historia de una mujer incomprendida.

“Calling out your name” aporta ternura y esperanza; las cuerdas, el piano y la percusión se amalgaman de tal forma que emocionan a los corazones, se encuentren atribulados o no.

Pero si hay un corte que destaca por encima de todos, es “No tears”; no por nada el mismo Blunt lo considera el “ancla” del disco, una balada que abunda en la fortaleza, en la espiritualidad.

“Hay algunas canciones a lo largo del camino que son piedras angulares, que definen a un compositor hacia él mismo. ‘Goodbye my lover’ era la canción en el primer álbum. ‘Same mistake’ era del segundo. ‘No tears’ es mi piedra angular en este disco”, comentó el intérprete.

“So far gone” es otra de las joyas que nos regala James, tanto por su profundidad lírica, como por su calidad musical, en donde la inclusión de violines aumenta la emotividad de este tema que habla de “dejar ir”.

Una balada que recuerda a “No bravery”, corte de su primer material, es “Best laid plans” en donde las breves contribuciones de la guitarra eléctrica le añaden un toque melancólico y de “blues”, diferenciándola del resto del disco.

“Dangerous”, con influencias sententeras-ochenteras; “Turn me on”, con elementos del jazz y blues –cuya letra se desprende del estilo característico de Blunt y es un track en donde las percusiones y el bajo tienen una participación destacada–, y “If time is all I have”, completan el material de 12 cortes.
 
Con “Some kind of trouble” James Blunt constata una vez más que es un hombre de palabra y sentimiento y su música nos hace estremecer. Si te gustaron sus otros discos esta nueva propuesta no te decepcionará. 

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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Facebook, una historia de amargura y traición


Hay pocas películas que logran encantar al público y conciliar a la crítica… pero todo eso cambió con la llegada de un diamante en bruto: “Red Social” (“The Social Network”), de David Fincher (“El extraño caso de Benjamin Button”).

Hasta el momento, el filme cuenta con un 98 por ciento de reseñas positivas de la crítica especializada, por lo cual se distingue del resto de las películas de la última década. El fenómeno ha sido tan grande, casi palpable, que a su alrededor han surgido diversos rumores que gritan: “Óscar”.

¿Y cómo no hacerlo cuando tiene como director a Fincher y cuenta con un guión de Aaron Sorkin, cuya especialidad son los diálogos asertivos, mordaces? Entre los muchos aspectos destacables del filme se encuentran justamente sus líneas sagaces, cínicas e irónicas, las cuales envuelven al espectador en esta “Red Social”.

La historia, aunque no es un documental, sí está compuesta por diversas versiones de las personas involucradas en la creación de Facebook, aunque éstas pidieron mantener su identidad en anonimato.

Gracias a estos testimonios, Sorkin reconstruyó un fragmento de la vida del multimillonario más joven, no del mundo, sino de la historia: Mark Zuckerberg, para lo cual también se basó en el “best seller” “The Accidental Billionaires”, de Ben Mezrich.

Todo comenzó en el otoño de 2003, en los dormitorios de la Universidad de Harvard, cuando Zuckerberg (Jesse Eisenberg) tras ser dejado por su novia Erica Albright (Rooney Mara) desarrolló una idea que se convertiría en el antecedente de Facebook, Facemash.

El éxito de la página que colapsó la red de Harvard era sólo el principio de lo que Facebook lograría: más de 500 millones de usuarios alrededor del orbe.

Los gemelos Winklevoss (Armie Hammer), interesados en que Zukerberg fuera el programador de Harvard Connection, una página en donde los estudiantes pudieran interactuar, lo contactaron. Y ese momento es el detonante de todo.

La cinta se centra en las dos demandas a las que Zuckerberg se hace acreedor con la creación de The Facebook. Una, la de los gemelos, quienes le acusan de haber robado su idea.

La segunda, por parte de su ex mejor amigo y cofundador de la página, Eduardo Saverin (Andrew Garfield), por haberlo sacado (¿traicionado?) de la jugada.

A nivel cinematográfico, el filme es sobresaliente en numerosos aspectos. Tiene una gran dirección por parte de Fincher, quien llegaba a hacer hasta 70 tomas de una misma escena con el afán de obtener perfección.

Además, antes de rodar las escenas del juicio, intrigaba a los actores, haciendo creer a cada una de las partes que eran ellos quienes tenían la razón, lo que añadía realismo al conflicto.

El excelente guión posee diálogos que pasarán a la historia, que se volverán clásicos sin duda alguna, pero más allá de eso, presenta personajes multidimensionales, extremadamente humanos, que tienen altibajos, que no son sólo buenos, malos, traicioneros; simplemente son personas.

De ahí que tanto Eissenberg, Garfield, como Justin Tinberlake, quien interpreta a Sean Parker, el creador de Napster hayan ofrecido grandes actuaciones.

Particularmente el primero, quien, como Zuckerberg, nos regala a un genio con un coeficiente intelectual elevadísimo, pero que no tiene la habilidad de relacionarse con sus semejantes, que habla a una velocidad que sólo demuestra su agilidad mental y que es inexpresivo, estoico, complejo.

La película tiene un estilo visual impecable y un ritmo que mantiene al espectador atento a lo largo de sus dos horas de duración.

En ella vemos la forma en que surge la “Red Social” y las decisiones que se van tomando conforme el negocio crece, siendo las más polémicas la incorporación de Parker al proyecto y la salida de Saverin, el único amigo de Mark.

“Red Social” no juzga a los involucrados: no se limita a decir quién tiene la razón dentro de las disputas, solamente cuenta la historia y deja que el público participe y, en todo caso, decida, aunque la elección puede no ser necesaria.

Fincher nos muestra la oscuridad que se deriva del éxito, no tanto del dinero en sí mismo, pues éste no era un tema relevante para Zuckerberg, sino de mantener su idea tal como él la concibió, anteponiéndola a su amistad con Eduardo.

Entonces el filme deja muchos aspectos en los cuales reflexionar: ¿El éxito y la envidia deben anteponerse a una auténtica amistad? Pero también acerca de la soledad, la necedad, el egoísmo, la instrumentalización de la persona, las drogas, el sexo y los vicios que muchas veces están relacionados con el éxito monetario.

Estos aspectos son exaltados principalmente por medio de las escenas en las que hay encuentros sexuales entre jóvenes, el consumo de drogas, alcohol, entre otras, las cuales son reflejo de la vida de los campos universitarios estadounidenses donde el amor –generalmente– es desvirtuado.

Como bien dice Fincher, “nuestra historia es sobre la amargura relacionada con la autoría de Facebook”, pues como sostiene el eslogan de la película: “Nadie tiene 500 millones de amigos sin tener enemigos”.

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domingo, 20 de abril de 2008

Gossip girl, una crítica social


Gossip girl es un drama juvenil pero como nunca había sido contado antes, pues combina la vida de la clase adinerada como en The O.C. con la perversidad de los adolescentes representada en Mean girls.

Es un mudo que a muchos nos parece irreal porque la vida de sus protagonistas es lejana, se trata, ni más ni menos, de la crema y nata de la sociedad neoyorkina; de los más ricos y poderosos.

Pero en particular, de sus hijos.

Basada en la novela de Cecily von Ziegesar, narra la vida de Serena Van der Woodsen (Blake Lively) y su mundo social, compuesto principalmente por su mejor amiga Blair Waldorf, (Leighton Meester) la niña más popular de la escuela.

Blair, o “B”, como le dicen sus amigas más cercanas, es la novia de Nate Archibald (Chace Crawford), el galán que todas envidian.

Todo se complica con el regreso de Serena, “S”, de un internado, pues ella y Nate están medio enamorados y traicionaron a la pobre de Balir, quien es todo menos pobre.

Y no serán los únicos que traicionarán y serán traicionados, pues bien dicen que todo lo que se hace, se paga…

Gossip girl
es buena porque es una crítica social a la hipocresía y a las apariencias que los bellos y poderosos tienen que enfrentar diariamente.

Demuestra lo que es capaz de hacer la gente por seguir siendo popular, pero a la vez que también existe gente fuera de esa burbuja, gente que es ella misma sin importar lo que le rodee.

Esta serie de los creadores de The O.C. es mucho más profunda que este drama, que en ocasiones, parecía interminable.

Gossip girl es narrada por una malévola y femenina voz en off  (Kristen Bell) que se entera de todos los chismes, escándalos y problemas de los más populares y los pregona a toda la escuela mediante una página web y mensajes al celular.

Todos desconocen a la misteriosa fuente, pero hasta los más poderosos quedan vencidos ante sus palabras, que son como dardos envenenados capaces de destruir reputaciones y mucho más.

Esta serie toca temáticas delicadas como la bulimia, las drogas o el alcoholismo pero como tramas subyacentes, es decir, no es lo más importante que se cuenta.

Asimismo, sus personajes están muy bien delimitados, ya que cambian, aprenden y maduran dependiendo de las situaciones que se les presentan.

Hay de todo, desde Blair que es perfeccionista, elitista y mandona, y su contraparte, Serena, que es relajada, loca y no le importa el qué dirán, hasta Jenny (Taylor Momsen) que es inocente y dulce.

Por parte de los niños está Dan (Penn Badgley), el pobre que acude a la escuela de ricos gracias a una beca y que es bueno, bueno; Nate (Chace Crawford) que es el popular, guapo y deseado, pero también noble, noble; hasta Chuck (Ed Westwick) que es el rico, aprovechado y malo, malo.

Conforme avanza la trama nos daremos cuenta que no todos son lo que parecen y su vida no es tan fabulosa como se pensaba.

Es una lástima que esta transmisión de Warner Channel en México haya quedado estancada.

Desde hace un mes, sólo hemos podido ver un capítulo, pues repiten y repiten los anteriores, y ¿ya mencioné que los repiten?… pues así están ellos.

Nos gustaría ver qué ocurrirá, después de que la vida de varios personajes ha dado un vuelco y se enfrentan a situaciones que los han sacado de su burbuja.

¡Transmitan nuevos episodios por favor!

sábado, 12 de abril de 2008

Pushing Daisies, innovación televisiva


Warner Channel sorprendió con el estreno de una serie que trasciende lo convencional, un proyecto que difiere de todos los programas televisivos que se han hecho en los últimos tiempos.

Por lo menos, en mi caso, nunca había visto una serie igual o remotamente parecida.

Se trata de Pushing Daisies, una comedia-tragedia-drama que narra la historia de Ned, un niño que a muy temprana edad descubre que tiene un poder especial: revivir a los muertos.

Pero su don no se queda ahí, sino que tiene ciertas complicaciones, ciertas reglas de juego, pues así como da, quita.

Si Ned revive a alguien por más de un minuto, entonces alguien más muere y el destino es el que decide quién.

Todo se complica cuando alguien a quien quiere mucho muere y después de deliberaciones, la revive, pero nunca más la puede volver a tocar, de lo contrario la mataría.

Ésta es una de las historias de amor más puras y tiernas de todos los tiempos, pero a la vez aderezada con toques de muerte, misterio, intrigas y muchos, pero muchos pies.

Su creador es Bryan Fuller, quien hace unos años nos regaló Dead like me, una serie sobre personas muertas con asuntos sin resolver y que deambulaban por el mundo en cuerpos que no eran los suyos.

Por lo visto a Fuller le llama atención el tema de la muerte y aunque sus dos proyectos tienen algunos aspectos en común, como satirizarla, también están tratados desde distintas perspectivas.

Pushing Daisies tiene un diseño de arte como pocos en la pantalla chica, tan bien cuidado que llaman la atención sus decorados, sus colores y la mágica atmósfera que se crea en el programa.

Es inevitable que nos recuerde a la película francesa, Amelié, especialmente por la voz en off, un narrador omnisciente (que lo sabe todo) que nos permite conocer los pensamientos y sentimientos del protagonista.

Su voz nos arrulla y nos envuelve durante el desarrollo del capítulo, y a diferencia de otras series, no interviene sólo al inicio y al final, sino que es intermitente.

Asimismo, tanto la decoración como la voz en off nos remonta a la película Big Fish, ese mundo de fantasía creado por Tim Burton, en donde las historias de un padre marcan la vida de su hijo.

Todo dentro de la serie se apega a un mismo tono, desde las transiciones de una escena a otra (que no son cortes directos, sino fades con cortinillas circulares), hasta la música y la escenografía.

Pero a pesar de estas semejanzas con proyectos cinematográficos, Pushing Daisies es original en muchos sentidos, como en la trama y en la presentación de un amor puro y platónico que va más allá de lo físico.

Un amor que trasciende un simple roce.

Desde el primer capítulo nos enganchamos con los protagonistas, nos compadecemos y lamentamos su situación.

La música en este sentido juega un papel fundamental, ya que encamina nuestras emociones a identificarnos con los personajes y sufrir con ellos.

También es una serie rica en valores, pues nos recuerda lo importante que es para el ser humano sentir afecto y no sólo experimentar desenfrenos.

Gracias Warner Channel por traernos series arriesgadas que se salen de lo convencional y, sobre todo, que están tan bien hechas.

A primera vista se ve que Pushing Daisies es un proyecto con una gran post producción detrás, con muchos efectos especiales, pero que no son los de siempre.