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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Marcelino, inocencia que inspira

Desafía la corriente de violencia, lujuria y malas palabras que domina el séptimo arte mexicano y es una producción que queda como “anillo al dedo” en esta temporada navideña.

Se trata de “Marcelino, pan y vino”, del director José Luis Gutiérrez, quien realizó un remake de la historia que en 1955 el cineasta húngaro Ladislao Vajda llevó a la pantalla grande, con Pablito Calvo en el papel de Marcelino. Ésta, a su vez, se basaba en el libro de José María Sánchez Silva.

"De primera instancia, puede parecer oportunista hacer un remake de un clásico, un melodrama que nos llega como mexicanos, como católicos, y que se pudiera pensar que sería un éxito por el simple hecho de rehacerlo”, comentó Gutiérrez.

Pero a diferencia de la versión original y aprovechando que 2010 fue el año en que se conmemoró el inicio de la gesta revolucionaria, la cinta se enmarca en el contexto de la Revolución Mexicana, pues la primera se desarrolló en medio de una guerra civil, aunque no era tan evidente.

Asimismo, ahora cuenta con dos personajes femeninos de gran relevancia para la trama; y a pesar de que en el drama original Marcelino tenía un amigo imaginario, Manuel, en el “remake” este pequeño es de carne y hueso: Eleuterio (Omar Alexis).

Otra de las diferencias del proyecto mexicano es que en la primera versión, durante el encuentro entre Cristo y Marcelino se ve cómo el primero se desclava de la cruz, toma que fue descartada en el filme de Gutiérrez.

Por otro lado, el villano de esta historia no es el alcalde del pueblo, sino un revolucionario que debe lidiar con una enorme pena. Y finalmente, aunque en la cinta clásica Marcelino es picado por un alacrán, en ésta es mordido por una serpiente.

"Este cambio responde a la geografía del lugar. Los alacranes mortales están en el norte del país, y un niño, incluso así de pequeño, puede sobrevivir a su piquete, pero no al de una víbora de cascabel; por eso, decidimos que lo correcto era hacer el cambio", precisó el director. 

Es así que Gutiérrez retomó las bases de la cinta de Vajda, aunque también le añadió uno que otro toque para que se centrara en los dramas personales de los personajes, en su lado humano, más que en el aspecto religioso.

El argumento es esencialmente el mismo que ya conocemos: un pequeño huérfano es abandonado a las puertas de un convento en donde moran 12 frailes franciscanos.

Aunque en un principio Fray Puerta (Gerardo Moscoso) quiere entregarlo a una familia para que el niño tenga papá y mamá, las circunstancias les orillan a criar al niño en el monasterio.

Al crecer, Marcelino (Mark Hernández) se convierte en un pequeño travieso acostumbrado a jugar en el exterior con su amigo Eleuterio; pero tras ser mordido por una víbora y con la llegada del ejército que recrudece el peligro en la zona, es obligado a permanecer encerrado dentro de su hogar.

Los frailes también deben protegerlo de Eleuterio, un revolucionario que, cegado por un gran dolor, quiere llevarse al niño, raptarlo del convento; mientras que Marcelino sólo tiene un deseo en la vida: conocer a su mamá.

Es entonces cuando, conmovido por “el hombre del desván”, el pequeño hace palpable su inocencia y generosidad y le comparte de la poca comida que administra Fray Papilla (Gastón Peterson), la cual extrae a “hurtadillas” y por lo que recibe el nombre de “Marcelino pan y vino”.

En el filme también participan Alejandro Tomassi, Jorge Lavat y Teresa Ruiz.

Aunque en términos cinematográficos tiene uno que otro traspié, lo más valioso de esta película es su mensaje, pues se trata de una historia conmovedora, pura, llena de inocencia que nos impulsa a ser más generosos con quienes nos rodean.

Es altamente recomendable verla en compañía de la familia, en especial de los más pequeños, quienes pueden aprender mucho de Marcelino y su afán de compartir, pues poco a poco transforma a quienes lo rodean –o incluso a quienes lo miran en pantalla–.

El filme está en sintonía con lo que han logrado otras cintas que se esfuerzan por transmitir valores y mensajes positivos, tal como el año pasado hicieron “Un sueño posible” (“The Blind Side”), de John Lee Hancock y “El Estudiante”, de Roberto Girault.

Son películas que nos emocionan, enchinan la piel y nos inspiran en tiempos de crisis, violencia y egoísmo. “Marcelino Pan y Vino” nos ayudará redescubrir el verdadero significado de la Navidad o lo reforzará en caso de que estemos conscientes de él. Por favor, no se la pierdan.

Twitter: mabsalinas

1 comentario:

pcortez80 dijo...

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